Karen García González
Persépolis es una película de animación dirigida por Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, basada en la novela gráfica autobiográfica de la primera. Su trama gira alrededor de la historia verídica de Marjane, una niña iraní que vive su infancia y adolescencia durante y después de la Revolución Islámica de 1979. Sus visuales asemejan a un cómic en blanco y negro y muestra, de forma muy personal, cómo la religión se vive en la vida diaria de las personas en ese contexto histórico.
Una de sus mayores virtudes es lo fácil que es identificarse con la protagonista Marjane. No se trata de un personaje excepcional, sino de una persona común que solo quiere escuchar rock, bailar y sentirse como cualquier adolescente. Pero, en el contexto de la nueva República Islámica, eso se vuelve más complicado por las normas religiosas y culturales del momento. La película invita a pensar en cómo la religión puede influir en la subjetividad e identidad personas a partir de cuestiones tan cotidianas como la música o la forma de vestir, y cómo algo tan sencillo y cotidiano como nosotros lo vemos puede llegar a ser el sueño de otra persona, como el simple hecho de escuchar tu música y vestirte de la manera que quieras.
Algunas escenas son memorables ya que ayudan a entender mejor el fenómeno religioso. Por ejemplo, cuando matan a su tío en la cárcel, ella se enoja profundamente con Dios. En su imaginación, Dios aparece como siempre lo hacía para hablar con ella, pero Marjane lo confronta y le reclama por permitir algo tan injusto. Le dice: “Te odio, ¿por qué permitiste que pasara?”. Él intenta explicarle, pero ella no lo deja terminar y le dice “vete”. En ese momento, Dios no le da una respuesta clara y termina alejándose, desapareciendo de su vida por un tiempo, como ella lo pide.
Creo que eso pasa en muchas religiones: creemos en un Dios, pero cuando llegan cosas malas (muerte, injusticias) podemos dudar o enojarnos. Al final, como le pasa a ella, pudo comprender que, dentro de todo su enojo por su tío, dijo cosas que no sentía, y que a veces Dios no interviene de forma directa como en las películas. Es una relación más personal y compleja, y pueden ser formas diferentes de intervenir.
Un momento impactante de la película tiene que ver con el viaje de la protagonista a Austria, país al que sus padres la envían con la esperanza de una mejor calidad de vida. Marjane se marcha con ilusión, pero una vez allá, no puede disfrutar del todo. Siente que dejó a su familia en Irán sufriendo mientras ella está en un lugar más seguro. Se siente fuera de lugar, como que no pertenece ni aquí ni allá. Esta cuestión invita a la reflexionar sobre la movilidad humana por conflictos internos en sus países. No se trata solamente de un “ya están bien”. Hay una transición muy difícil, con sentimientos de culpa, de no pertenecer y complicaciones emocionales fuertes. La película lo muestra con sensibilidad.
Otra escena que resaltar es cuando Marjane, ya en Europa, se dice francesa para evitar preguntas incómodas. En su mente se imagina a su abuela juzgándola y siente una enorme culpa. El explicar que es de Irán es más complicado por los estereotipos y las ideas preconcebidas de las personas, de las cuales la protagonista se aleja. Es esta la razón por la que la película es tan valiosa: ayuda a cambiar la mirada que uno podía tener antes sobre la vida en un contexto islámico. Muestra cómo las nuevas normas religiosas, como el uso del velo, impactaron en la vida de las mujeres de Medio Oriente (no a todas de la misma forma, claro), pero al mismo tiempo forma parte de su religión y su cultura. Nos invita a ver cómo las personas negocian su fe y su identidad de formas muy distintas.
Persépolis cuenta una historia real sin juzgar a nadie, solo invitando a entender mejor. Yo se la recomendaría a cualquiera que quiera conocer este lado de la vida en países como Irán de una forma más cercana y sin prejuicios. Es emotiva, tiene momentos divertidos y visualmente es muy hermosa.
Referencias:
Satrapi, Marjane y Vincent Paronnaud, dirs. Persepolis. 2007. Francia: Sony Pictures Classics.
